AMETS + GILEN

“Ayer me enrollé con Willy, un chico de la otra clase que tiene 15 años. Es muy guapo y me gusta mucho.”

Así, con una foto de su diario del 95 para explicarnos el principio de su historia juntos, empezaba el segundo email que recibí de Amets. El que me convenció de que, fuera como fuera, tenía que asistir a su boda. Pero comencemos por el principio. :)

Conocí a Amets y Gillen en uno de mis sábados favoritos del 2015: el de la boda de Lore y Sandra. Les conocí pero no hablé mucho con ellos, aunque sí que les recordaba bien. “Quizá me recuerdes: soy la chica del vestido largo de flores a la que fotografiaste sola :)”. Me escribió explicándome cuánto les había gustado el reportaje de la boda y cuánto les gustaría que pudiéramos asistir a la suya. “If it ain’t broken, don’t fix it”, me dijo, llena de entusiasmo por contar con nosotras y por toda la organización de su boda. “Nos reencontramos 19 años después de haber sido “novios” en el colegio, y sin haber sabido nada el uno del otro durante todos estos años. Ahora llevamos un año y pico juntos y hemos decidido casarnos.” Os podéis imaginar nuestra cara al recibir la fotografía de su diario y al recordarles :)

Una de las muchas, muchas cosas que nos encantan de nuestro trabajo, que nos enamoran un poquito más cada vez que suceden, es reencontrarnos con las mismas personas de una boda a otra. Tener esa confirmación tan clara de que no sólo os ha gustado vuestro reportaje, sino que también nos habéis recomendado a vuestros amigos y han decidido llamarnos. Hacernos un pequeño hueco en vuestra historia personal para poder contarla foto a foto, año tras año. 

En la boda de Amets y Gilen pude reírme a carcajadas cuando su amiga Eider explicaba durante la ceremonia cómo se habían conocido con frases de el Tiburón (la de Proyecto Uno, no la de Spielberg), pude emocionarme con los ojos llorosos de Gilen y la sonrisa de bienvenida de las invitadas que ya conocía. Paseamos juntos por los terrenos del caserío Otalora en Orozketa mientras les hacía fotos distendidas, sin prisa. Hice fotos bajo la lluvia a los valientes que salían a bailar sin darle importancia.

Este próximo 2017 tendremos varias bodas en las que nos reencontraremos con novios a los que ya hemos visto casarse y continuaremos entrelazando vuestras historias, las de unos amigos con otros, en nuestra propia memoria. <3

MARIOMASMEL Y MELMASMARIO

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Ahora que estrenamos página web tenemos más ganas que nunca de recordar nuestras bodas con vosotros. Y de nuestra primera boda en la preciosa Finca Las Margas, en Segovia, lo primero que recuerdo siempre son las miradas cómplices entre Mario y Mel, sus abrazos fuertes y las palabras llenas de honestidad y entrega que se dedicaron en la ceremonia, mientras se les escapaban las lágrimas de emoción (mientras se nos escapaban a todos). Recuerdo su forma de verse como un conjunto inseparable: Mariomasmel, Melmasmario. Los cielos tormentosos que amenazaron desde el principio del día, y las lluvias de agosto que terminaron apareciendo con fuerza al final de la ceremonia, bajo los castaños, justo cuando los invitados se levantaban para felicitarles y ellos no paraban de sonreír, felices como de película, sin preocuparse por la tormenta.

Recuerdo el magnífico trato de Cartu, que no pudo ser más encantadora conmigo y con los chicos de Studio Krrusel, y la sección de libros de segunda mano para los invitados (mi detalle de boda favorito para siempre). A Mario con una limonada en la mano, a Mel descartando el paraguas y ambos caminando juntos para dedicarse un momento a solas entre árboles, puentes de madera y caballos blancos. Les recuerdo siempre bajo la lluvia y sin ninguna prisa, disfrutando con naturalidad cada momento del día. Cómodos frente a la cámara, conmigo y, sobre todo, cómodos el uno con el otro.

Créditos abajo :)

Localización: Finca Las Margas | Catering: El Laurel | Traje novia: Otaduy | Complementos: Olivia & Cloe | Zapatos novia: Uterqüe | Ramo novia: Búcaro Flores | Traje novio: Gant | Video: Studio Krrusel

ERIKA + JOKIN

La boda de Erika y Jokin es quizás una de las bodas que más me ha hecho reflexionar en los últimos años. Sentarme, tomar aire y pararme a pensar, algo para lo que en temporada de bodas, desafortunadamente, no tenemos mucho tiempo.

Todas estas reflexiones giraban en cuanto al termino LIBERTAD, y a los condicionamientos a los que nos enfrentamos aún sin quererlo cuando hablamos de las bodas. En vuestro caso, como parejas que os vais a casar, y en nuestro caso en cuanto a la libertad y la responsabilidad que tenemos como fotógrafas.

Conocí a Erika hace muuuuchos años por medio de nuestro amigo en común Lucas. Durante mucho tiempo hablamos largo y tendido por internet, e incluso estuve apunto de lanzarme a su aventura Australiana (me arrepentiré durante toda la vida de no haberlo hecho). Siempre me ha parecido una de esas personas a las que la seguridad, la confianza y el estilo natural les aporta una belleza que brilla por encima de todo. Tanto ella como Jokin llevan el buen gusto de serie. Podemos llamarlo "estilo" en el surf, "arte" en las fotos, "rollo" en el aspecto y "esencia" en la personalidad. (No podéis dejar de visitar su blog FOLLOW THE VANE).

Durante años mantuvimos contacto vía internet o vía pequeños encuentros, en el Festival de Longboard de Salinas, en Deboolex, tomando unas sidras por Gijón… Y, las vueltas que da la vida, entre amigos y personas en común acabé haciendo las fotos de su boda.

Mi amiga Itzi (la autora del fashion film de la campaña Ritual Lovers de Otaduy), íntima de Erika, me estaba contando que Erika y Jokin se casaban y que ella les iba a hacer el video, que iba a ser un fiestón y la buena pinta que tenía todo, y sin dudarlo ni un segundo le dije: Itzi, tengo un fin de semana libre en Agosto, el único de la temporada, si me cuadra… Me voy a hacerle las fotos. En ese momento y contra todo pronóstico, con muchas bodas a las espaldas, muchas en camino y un solo fin de semana en el horizonte, nada me podía apetecer más.

Al final los astros se alinearon y la fecha coincidió. Cuando le dije a Erika que quería hacer las fotos de su boda casi se muere de la emoción.

Ella no tenía pensada una BODA en mayúsculas; de hecho iba a ser una fiestecilla, entre amigos, sin ninguna pretensión, organizada en un par de meses, sin fotos, sin grandes vestidos ni grandes despliegues, solo por el placer de estar todos juntos y disfrutar. Y yo, a esas alturas de temporada, necesitaba exactamente lo mismo: relajarme y disfrutar, sin pretensiones, sin que nada dependiera de mi, sin que nadie esperara nada, con la libertad que te da saber que haces absolutamente lo que te da la gana y solo para ti. Hacer fotos sin pensar, arriesgar hasta donde quieras, volverme loca con la edición y ser parte de algo desde dentro para aprender de esa sensación y procurar no perderla nunca. Y la manera en que organizaron esta boda fue precisamente lo que mas me atrajo. Su libertad me dio mi libertad.

Muchas veces, todo lo que rodea las bodas se convierte en una parafernalia añadida en la que nos olvidamos de lo que realmente resulta importante. Un circo en el que si las flores tienen un tono mas rojo que rosáceo se origina un drama familiar, en el que que si el vestido de la novia tiene una arruga se convierte en drama de estado, y me rió yo del conflicto de Gaza cuando la madre de la novia tiene a bien decir que si la chiquilla en cuestión no va demasiado maquillada…

La boda de Erika y Jokin se encontraba totalmente en la franja opuesta. La misma mañana de la boda sus amigas, orquestadas por Ana Orozco, colgaban piñas de papel de los chinos a modo de decoración mientras bebían birras, un cocinero amigo utilizaba las instalaciones de una sociedad gastronómica de Zarautz para preparar comida fría que se pudiera mantener hasta la noche, la madre y la hermana de Jokin preparaban cientos de exquisitos postres caseros y Erika compraba sushi en el Eroski mientras Jokin intentaba bajo todos los medios hacer todos los recados para poder darse un último baño como soltero.

Mientras unos colgaban bolas de papel de unas cuerdas otros descargaban las sillas. Nada del último modelo dorado Imperio, ni las mas cool de Philippe Stark: las que la sociedad de festejos de Zarautz les había prestado para la ceremonia, las plegables, las de toda la vida. En un lateral de la casa un cocinero con estrella Michelín preparaba las brasas para una barbacoa, criollos y morcilla, sin excentricidades ni menús de 5 platos.

La decoración floral fueron arbustos y flores silvestres que recopilamos en el momento y metimos en las botellas de Coca-Cola que se iban acabando, entre llamadas y más llamadas en busca del tercer camarero que pondría las copas esa noche, junto con los dos hermanos pequeños de alguno de los invitados que se sacarían un sueldecillo en la "boda-fiesta" de aquella amiga de su hermana. Así todo.

Con esto no quiero tirar por tierra el trabajo de los grandes profesionales que normalmente trabajan para que una boda sea perfecta. Wedding planners, floristas, chefs, jefes de sala, camareros y demás profesionales del sector. Nada más lejos. Pero disculpen mi osadía cuando me atrevo a decir, tras muchas bodas a mis espaldas, que a veces se nos olvida realmente lo que una boda significa y nos perdemos en los detalles menos importantes.

Erika se preparó entre cervezas y pitis de liar, sushi del barato y amigas, muchas amigas. La que la maquillaba, la que la vestía, la que la fotografiaba. Fue la primera vez en unos preparativos de boda que yo estaba más nerviosa porque no me salía mi maldito eye liner y no conseguía peinarme decentemente que de tener una foto de revista. Y no os miento si os digo que fue maravilloso y que la foto de revista, a las pruebas me remito, la conseguí igual. 

Hicimos pompones de lana para decorar la furgoneta, mientras escapábamos de los tábanos, bebíamos cerveza, disfrutábamos de las vistas del caserío de Itzi y fumábamos mientras nos pintábamos los labios en el retrovisor. Así, con la calma que siempre debería rodear todos y cada uno de los momentos previos.

Los nervios se convirtieron en sonrisas cuando al subir a la furgoneta empezamos a cantar, beber cerveza y bailar. Erika entró a la ceremonia conduciendo ella misma sin conseguir que se le calara la furgoneta ni una sola vez (todo un mérito para una novia nerviosa que conduce una antigua furgoneta prestada) . Allí la esperaban Jokin y su hija Kleo, y fue uno de los momentos mas bonitos del día.

La ceremonia fue a base de rezos surferos ideados por la cabeza pensante de Mikel Urigoitia y resultó un no parar de reír (y llorar). La luz me hizo el regalo de mi vida; sin haberlo pensado siquiera me obsequió con el mejor de los atardeceres durante los apenas 3 minutos que conseguí hacerles subir y bajar una colina para robarles algunos retratos. Sin forzar, con naturalidad, sin posar… Déjándoles que caminaran y que hablaran. Todo fluía. La luz, ellos, el paisaje, mis fotos…Sin ni siquiera planificar.

De la fiesta poco os puedo hablar, ya que servidora dejó la cámara y se dio a los GinTonics con una analógica compacta en la mano. Porque a esta boda se venía a disfrutar y parte de su gracia era que yo disfrutara como la que más… Y vaya si lo hice. Con Las Marines (María e Inés) Mario Azurza A.K.A  "El Ciruelo", RJ y Tincho a los platos, la fiesta siguió hasta que el sol volvió a brillar y allí bailó hasta el conductor del autobús. Pero eso ya es otra historia.

Erika y Jokin me han dado las gracias hasta la saciedad por las fotos de su boda. Pero lo que no saben es que yo les debo mucho más a ellos.

Publicada en BIPPITY